EL SÁBADO

Viernes 31 de Octubre de 2003

La batalla de Creta

Beevor tiene un enorme talento como narrador, que se suma a su conocimiento del oficio militar, su recopilación de fuentes de primera mano, su acceso a los archivos soviéticos y su vasta información bibliográfica.

Rodrigo Pinto

Antony Beevor fue oficial del ejército británico durante cinco años y se retiró para dedicarse a la literatura. Y en la década de los noventa pasó de la novela a la historia, a través de tres ensayos que han marcado un hito en la historiografía de la Segunda Guerra Mundial.

La batalla de Creta es el primero cronológicamente y el tercero que Crítica edita en español, tras el suceso editorial que significaron Stalingrado y Berlín. Beevor tiene un enorme talento como narrador, que se suma a su conocimiento del oficio militar, su recopilación de fuentes de primera mano, su acceso a los archivos soviéticos (desconocidos para los historiadores occidentales hasta 1990) y su vasta información bibliográfica. Con esos elementos, no extraña que sus libros se lean como novelas y que no sólo hayan recibido numerosos premios, sino que también sean un éxito de ventas.

Su relato de la batalla de Creta tiene, al igual que su reconstrucción de la batalla de Stalingrado y del avance aliado hacia Berlín, la calidad de lo vivido, como si hubiera sido un testigo privilegiado de esos escenarios bélicos. Está estructurado en tres partes: la caída de Grecia, la batalla de Creta propiamente tal y la posterior resistencia de los isleños y de los soldados aliados (griegos, ingleses, australianos y neozelandeses) rezagados tras la retirada o evadidos de los campos de prisioneros. Su análisis de los hechos es impecable. Lo que más sorprende al lector es que, con sólo un poco más de información, una distinta interpretación de los mensajes cifrados y algo más de decisión en el momento de los hechos, el curso de la batalla hubiera tomado un rumbo diametralmente distinto. El tema ha sido ampliamente debatido por los historiadores, de lo que también da cuenta Beevor, que analiza los escenarios posibles tras la eventual victoria aliada. También se han discutido ampliamente las consecuencias del avance sobre los Balcanes y Creta para la estrategia de guerra alemana, que ya había puesto en movimiento los preparativos para el ataque a la Unión Soviética. La única consecuencia indudable, según el autor, fue el fin de los ataques alemanes mediante tropas aerotransportadas. Las bajas entre los paracaidistas y la pérdida de aviones de transporte fueron altísimas en los primeros días de la batalla. De ahí que se sellara la suerte de aquella estrategia, y esas tropas fueron asimiladas a otros cuerpos.

Párrafo aparte merece la tercera parte del libro, que narra la organización de la resistencia y las feroces represalias alemanas. Son episodios menores en el conflicto mayor, pero su recreación da cuenta cabal, más que de las grandes batallas, de las tragedias, de los crímenes y del heroísmo que se vivieron en aquellos años.


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